Victoria

Ni una mala cara. Ni una queja. Ni una mala contestación. Nada. A pesar de los revolcones que te daba la vida, que fueron muchos. A lo largo de los casi treinta años que tuve la suerte de conocerte solo te escuché de vez en cuando un “¡Valladolid!”, tu forma de expresar enfado porque decías que sonaba fuerte. Y eso que te hice jugarretas.

Ahí estabas siempre, saliendo hacia delante con una sonrisa y una energía que nunca supe de dónde la sacabas. Nunca lo tuviste fácil, la vida no se portó bien contigo a pesar de que tú se lo diste todo.

Y, hace once años, te lo quiso poner más difícil todavía: un cáncer. Lo afrontaste como si fuera un simple constipado que te deja unos días en cama. Nada te cambió. Seguiste viniendo a casa, transmitiéndonos tu energía, tu vitalidad, facilitándonos nuestro día a día. Haciéndonos más felices. Y entonces llegó el segundo. Y más operaciones de médula. Una tras otra. Te empeñabas -porque eso sí, a cabezones no nos ganaba nadie- en volver aunque estuvieras muy débil. Cuando te preguntaba, decías sonriendo que siempre hay que mirar hacia delante.

Los tratamientos -algunos experimentales- luchaban contra tus cánceres, que poco a poco iban avanzando. Como no podía ser de otra forma, a lo largo de todos estos años te ganaste al personal del Hospital de Fuenlabrada con tu simpatía y tu fuerza. Hasta que hace un año llegó la peor noticia. Me acuerdo como si fuera ayer cuando me lo dijo mi madre.

No pasa el tiempo sin que me acuerde de ti, especialmente los días malos, aquellos en los que me basta mirar la foto que tenemos juntos para preguntarme: “¿De qué te quejas?”.

Cuando me pidieron escribir un texto para la Fundación sabía que sería sobre ti, mi segunda madre. No está siendo fácil, pero creo que es necesario que historias como la tuya, Victoria, se conozcan. Durante una década fuiste una superviviente -como lo fuiste toda tu vida- del cáncer, gracias a tu forma de ser y a la labor de los investigadores.

Ellos hicieron posible tratar tus cánceres durante diez años, diez años que disfrutamos de ti y contigo. Pero no fue suficiente. Si los científicos hubieran tenido más medios para investigar el cáncer, quizás los tratamientos experimentales hubieran llegado a tiempo. Quizás hoy estarías con nosotros.

Sé que no se puede cambiar el pasado, pero sí se puede cambiar el futuro. Y por eso escribo estas líneas y soy parte de la Fundación Vencer el Cáncer. Porque detrás de la palabra investigar hay muchas personas. Si recaudamos más fondos, se podrán salvar muchas vidas. Se podrán salvar muchas Victorias y todos tenemos a una en nuestras vidas.

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